Los datos que nos deja la temporada de verano son muy buenos, y Astorga ha recibido más visitantes que en años previos, visitantes que han entrado más en la Catedral, en el Palacio de Gaudí y en los museos municipales. Los datos ofrecidos por el Ayuntamiento siguen siendo escasos para mi gusto, y han vuelto a cambiar la información ofrecida, lo que dificulta cualquier seguimiento (menos comunidades autónomas y menos países, sin datos concretos, ni una referencia al número de peregrinos, etc).

La que menos visitantes recibe es la Ruta Romana. Hace unas semanas recibí una visita, un profesor de Estados Unidos iba a pasar dos días en León, e inmediatamente le propuse pasar uno de esos días en Astorga. Quedó fascinado por el Museo Catedralicio, le encantaron el Palacio y el Museo del Chocolate y se enamoró de los hojaldres y de los merles. Sobre el cocido maragato dijo que era la mejor comida que había probado nunca. ¿Qué le faltó a su visita? La Ruta Romana, claro. Cuando llamé a la Oficina de Turismo me confirmaron que no había plazas en todo el fin de semana; el sábado nos acercamos al Museo Romano, por si se había producido alguna cancelación, y nos confirmaron que la Ruta seguía completa y que la lista de espera para posibles cancelaciones era de 18 personas. Esto fue en noviembre, no quiero ni imaginar qué listas de espera habrá en los meses de verano, a los que se refieren las estadísticas conocidas.

Mi pregunta es sencilla: si la Ruta Romana se encuentra al límite de su capacidad y con lista de espera, ¿por qué no se ofrecen dos rutas de mañana y dos de tarde los fines de semana? 11:00 y 12:00 por la mañana, 16:00 y 17:00 por la tarde. No sé cuándo volverá a España este profesor, y no sé si cuando lo haga tendrá tiempo para pasar otro día en Astorga. Lo que es seguro es que podrá hablar a sus alumnos maravillas de Astorga, pero no de su Ruta Romana.

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