Etiquetas

,

Huyo de la publicación de los datos del padrón municipal como de la peste. No dejamos de encadenar una mala noticia detrás de otra, en una espiral que parece no tener fin. Astorga ha perdido más de 1.000 habitantes en lo que llevamos de siglo, un declive que se ha acentuado en los últimos 10 años y que será muy complicado revertir.

Tenemos que pensar si queremos ser Villablino, que ha perdido casi 5.000 habitantes en el mismo periodo, o si queremos parecernos a Valencia de Don Juan, que ha pasado de poco más de 4.000 habitantes a más de 5.000 en estos años.

El cuartel de Santocildes es nuestra mina particular, aunque muchos militares hayan optado en los últimos años por vivir en poblaciones cercanas debido al elevado precio de la vivienda en Astorga. También es cierto que los sueldos que paga el Ejército no son los que se cobraban en la mina… Pero no vamos a entrar en demasiados detalles.

Valencia de Don Juan, que ni tenía minas ni tiene cuartel, ha crecido gracias a una apuesta clara por atraer industria, algo que en Astorga siempre nos ha costado hacer. Es cierto que Pablo Peyuca ha liderado los esfuerzos del Ayuntamiento en este sentido, logrando que se establezca en Astorga una franquicia que crea 7 u 8 puestos de trabajo, pero quizá no sea suficiente con aportaciones de este calado.

Nuestro polígono industrial, que de industrial solo tiene el nombre, carece de grandes parcelas para atraer a grandes empresas, y aventuras intensivas en empleo como las que hemos visto en Bembibre serán difíciles de reproducir en Astorga (referencias como esta tampoco auguran lo mejor). Ojalá veamos pronto a alguna empresa creando más de 300 puestos de trabajo en Astorga, pero no tengo muchas esperanzas.

¿Y nuestros pueblos? Se echa de menos que algún pueblo ofrezca, desde ya, facilidades a las familias que quieran emprender una nueva vida en un entorno que cuenta con todo lo necesario. Si lo hacen cuando algún colegio esté amenazado de cierre será demasiado tarde. Mantener los colegios rurales y llenar nuestros pueblos de vida ha de ser un objetivo irrenunciable si queremos que Astorga no caiga por debajo de los 10.000 habitantes en los próximos 10 años.

Así las cosas, ¿qué nos queda? Rezar, supongo, aunque también el Seminario hizo las maletas y se fue a Ponferrada. El turismo, que sostiene buena parte del empleo en Astorga, empieza a dar alguna señal de vida (gracias, Silvia Cobos, aunque no me haga mucho caso en ciertos temas). Es cierto que el empleo que se crea en el sector turístico llega con cuentagotas y asociado normalmente a negocios familiares, pero hay margen para crecer y es necesario ampliar la iniciativa “Astorga, Sabor a Chocolate” a otras épocas del año. También sería conveniente ampliar el catálogo monumental de la ciudad añadiendo a los cuatro de siempre (Palacio, Catedral, Muralla y Ayuntamiento) la sorprendente Iglesia de San Pedro de Rectivía, una joya de la que más de un peregrino se ha enamorado y de la que poco o nada se habla cuando se habla de Astorga.

Anuncios